Del 15M al 24M: algo más que unas municipales 

Este domingo 24 de mayo se desarrollarán las elecciones municipales en España, eligiéndose, además, a una gran parte de gobiernos autonómicos.  Esta cita, desde luego, no puede dejar indiferente a nadie. La demoscopía, desde la irrupción de Podemos abriendo el melón de las nuevas formas participativas ampliamente reclamadas desde el 15M, no ha parado de arrojar, día tras día, resultados variables pero que, como común denominador, reflejan un debilitamiento del escenario bipartidista predominante durante los años posteriores a la transición, hasta que llegó la crisis, ese terremoto social generado por la política y que, a su vez, transforma la arquitectura política e institucional de los países.  Y si en 2014 Podemos entró con fuerza logrando de manera sorpresiva representantes en el parlamento europeo, el 2015 ha sido el turno de Ciudadanos, el partido catalán unionista que hoy triunfa entre los electores de centro-derecha y derecha del conjunto del Estado español, fagocitando a Unión, Progreso y Democracia (UPYD), el partido “centrista” que tenía cierta representación, y buscando el voto de los simpatizantes desencantados del PP. El electorado reclamaba “caras nuevas”: el lider de C’s, Albert Rivera (no obstante una cara “no tan nueva” en Catalunya) por encima de Rosa Díez, la lideresa de UPYD cuya buena valoración en las encuestas no sirvió demasiado para evitar la debacle electoral en la adelantada cita autonómica andaluza del mes de marzo. Pablo Iglesias de Podemos que se mantiene (y reaparece tras evitar su inicial sobreexposición), buscando moderarse para atraer más votos. Al lado de ellos, el Partido Popular con un Rajoy que se siente capaz de repetir y el PSOE con figuras como Pedro Sánchez, que se siente y es capaz de resistir y Susana Díaz en la encrucijada de la gobernabilidad en una Andalucía que ya votó sus autonómicas como “avance” de lo que podría venir este domingo. Es este el panorama nacional, general, que da indicios del inicio de una suerte de “tetrapartidismo”. Y si bien es cierto no me queda demasiado claro que el bipartidismo no sea, técnicamente, una herramienta práctica de gobernabilidad (falta de claridad que, seguramente, tiene mucho que ver con el hecho de ser de un país donde, prácticamente, hay un partido por persona -decía el fallecido escritor Adolph que en el Perú hay 24 millones de poetas….-), los ciudadanos reclaman una política más acorde con los nuevos tiempos, y tienen la sensación de que los partidos “tradicionales” no están cumpliendo con esa misión renovadora. Tampoco hay una debacle absoluta del bipartidismo (como ocurrió en Venezuela, que es un  contexto muy diferente), ni creo que habrá un “reforzamiento del bipartidismo” tras el surgimiento de nuevas fuerzas (como ocurrió en el Reino Unido, citado por allá siempre como “país de nuestro entorno” pero cuyo sistema electoral mayoritario impide, aparentemente, excesivas sorpresas). Entre los candidatos municipales que más destacan en las ciudades principales, tenemos a Manuela Carmena, experimentada jueza de convicciones democráticas que postula para Madrid en un movimiento aliado con Podemos, versus Esperanza Aguirre, la lideresa del PP madrileño, ex Presidenta de la Comunidad de Madrid, ex ministra con Aznar y, siempre, dama de hierro española. En Barcelona, el alcalde Trias, de CIU (centro derecha catalana), lucha por mantener la alcaldía frente a la vorágine ciudadana de Ada Colau, de Barcelona en Comú, activista anti-desahucios que aparece con un excelente posicionamiento en las encuestas, pero cuestionada por el independentismo (por no serlo) que, a su vez, ve en las municipales una proyección de ese “nou pais” que anhelan, tal vez con más intensidad en estos últimos años de crisis, mala gestión, y poca interlocución. En las autonómicas de Madrid, Cristina Cifuentes, quizá del ala más renovada del PP, compite con Ángel Gabilondo, ex ministro, profesor de metafísica y académico de envergadura, que se presenta por el PSOE, partido en el que no milita pero que tuvo el acierto de designarlo. En medio de todos ellos: Ciudadanos como llave de varios gobiernos, el posible imprescindible de los pactos, y Podemos, que no se presenta a las municipales pero apoya a varias candidaturas que pueden vencer este domingo. Catalunya tiene autonómicas a fines de septiembre. En cualquier caso, las municipales del domingo despiertan una expectativa enorme en el país ibérico. Será la justa m ás importante (sin perjuicio de las previas elecciones en distintas autonomías) desde las elecciones generales de 2011. Recuerdan muchos españoles que fueron unas municipales las que abrieron la puerta a la República. Ahora, a través de una primavera participativa, ansían buscar respuestas, ser escuchados, generar nuevas sinergias y soluciones para trascender la crisis, ese temporal de raíces profundas.

Los convidados de piedra: reflexiones sobre el trabajo

La reunionitis es uno de los males más grandes de todo proyecto, empresa o entidad. Una obsesión por que absolutamente todos estén presentes, un deseo de algunos de destacar por el solo hecho de “estar reunidos”. Una vampirización, succión de un tiempo que deberíamos utilizar para ser “más productivos”. Calidad, y no cantidad.

Y, así, una acumulación de gente pretende ser equipo. Se intercambia palabras, fundamentalmente, y algunas ideas, algunas sólidas, otras como gotas de rocío salpicaditas. Unos consultan el móvil, otros apuntan mecánicamente. Y sólo algunos extraen conclusiones valiosas para incorporarlas en cualquier intento de buena gestión, y esto no solamente depende de la capacidad de la persona sino también de la pertinencia de su presencia en la reunión. Mientras tanto, los convidados de piedra, que han ido o por fuerza o por figurar, miran el techo (o, repito, el móvil). Los primeros: dos, tres, cuatro horas lejos de los productos, de las coordinaciones y de la eficacia. Pero, por narices, tienen que estar allí. Porque alguien así lo decide y no hay vuelta qué darle a la invariable decisión, tomada, quizás, con plena inconsciencia del daño que, de cara a los ciudadanos o clientes, produce este imperdonable gaspillage.

Y es irreparable: el tiempo no vuelve para nadie y cada minuto que pasa nos acerca al final. El dinero puede ir y venir, pero el tiempo no te lo devuelve ni Mandrake. Exprimir el instante (concepto que trasciende interpretaciones que apuntan al mero disfrute) es una responsabilidad de todos. Exprimir el instante, sin mirar al techo sentado en infinitas reuniones, nos acerca a una buena administración. Tenemos que repensar nuestros hábitos laborales, trabajar bajo resultados, explorar las posibilidades alternativas que proporcionan las nuevas o no tan nuevas formas de trabajo. Pienso, acaso, en el trabajo a domicilio, con todas las pinzas y bemoles que merece un caso con matices claros, cuya efectividad depende de la siempre dudosa capacidad de concentración y responsabilidad de la persona pero …. acaso… ¿nos concentramos bien en la vorágine de llamadas o en los olones de la reunionitis?. 

Lo que nos queda claro, en todo caso, es que necesitamos cambiar de paradigmas. No sigamos, pues, aferrados al pasado, como convidados de piedra de un meeting que sí vale la pena.