En julio de este año me mandé traer por la vía postal (Correos España en el primer tramo y SERPOST Perú para la recogida) efectos personales muy importantes (de mayor valor personal y sentimental que económico), que había dejado en Barcelona. Habiendo juntado el dinero suficiente, contando al fin con una persona que se comprometió a realizar el embalaje y envío, y teniendo el tiempo necesario para hacer la criba correspondiente (mi amigo tuvo que tirar cosas porque eran demasiadas y al monitoreo largo a distancia de qué cosa va y qué cosa no va tenía que dedicarle tiempo), decidí proceder.

Debido a la importancia que tenía para mí ese envío, estuve pendiente de que cualquier aviso llegara a mi domicilio. Siempre atenta a las noticias del correo. Pasaron dos meses y nada. Dos meses y medio y nada. De pronto, finalizando septiembre, recibo una llamada telefónica, indicándome que vaya de manera urgente a una dirección de Serpost (la empresa pública que se ocupa del servicio de correo en nuestro país). Acudí preocupada, y de inmediato. Allí, tuve que pagar una importante cantidad de dinero para poder retirar mis cosas. Esa cantidad fue cobrada por concepto de “exceso de almacenaje”. Un almacenaje que ni pedí, ni fue mi culpa.

Son muchos los usuarios que, diariamente, advierten esta preocupante situación. Es un tema sistemático.

He realizado reclamos y puesto en conocimiento de algunas autoridades la situación. Me interesa recuperar el dinero, sí, pero hay más que ese simple hecho. Hay un interés general afectado: al haberme apersonado en diversas oportunidades en las oficinas de Serpost, pude notar la incomodidad de los trabajadores (muchos de ellos muy amables y que padecen día a día la situación de la empresa y tratan de sobrellevar la situación, el desborde). Hay una clara falta de financiamiento de este ente, configurado organizativamente como parte de la “actividad empresarial del Estado”, dependiente de FONAFE. Si no fuera por el compromiso de algunos trabajadores públicos de dicha empresa con el interés general, ¿qué hubiera sido del servicio postal, un derecho de todos los ciudadanos y un servicio público -que debe cumplir con todas sus notas características: continuidad, universalidad, generalidad, etc-?. Yo tengo que poder acudir a un servicio público de correos que esté presente siempre. No debo necesitar las cuantiosas sumas que, por envíos, cobran las grandes compañías privadas en este rubro, que muchas veces impiden, por razones económicas, el ejercicio de esos derechos. La opción de los privados debe seguir, pero la opción del correo como servicio público también debe mantenerse, y con cotas elevadas de calidad, como no podría ser de otra manera.

Conversé, en mi última visita a SERPOST, con un funcionario de esta empresa del Estado. Me pareció importante lo que me dijo en esta conversación: ha existido una enorme transformación del servicio de correos, producto de los cambios vertiginosos que han transformado el modo de comunicarnos en estos últimos veinte años. Se pensó en que las nuevas tecnologías, el e-mail y las demás formas de comunicación (hoy a través de aplicaciones móviles para poder conversar a distancia) iban a desplazar la comunicación epistolar, por carta. Esto, de hecho, ha sucedido. Sin embargo, el crecimiento (espectacular) de las comunicaciones, ha traído consigo el incremento de las compras por internet. El comercio electrónico consiste en que la operación contractual la realizo a distancia, sí, pero el objeto de la compra es, por lo general, un bien tangible, con dimensiones. En el servicio postal las cartas han sido reemplazadas por bienes de diferentes tamaños, que ocupan un mayor espacio. El 2.0 ha tenido un impacto en el 1.0, puro y duro, físico. Este es un ejemplo brutal de este cambio. ¿Efecto colateral negativo de la globalización?. Yo creo que no. El comercio electrónico es inevitable, y hasta positivo. Es clave para construir y fortalecer una economía moderna y abierta. Algunas entidades o empresas de correos han sido capaces de adaptarse. Otras, como SERPOST, hacen lo que pueden, pero las posibilidades son limitadas, ya que, según me cuentan, no estarían dentro de las prioridades de financiamiento.

El Estado (no solamente el Ejecutivo, sino también el Legislativo) debe tomar cartas en el asunto pronto, pensando en soluciones a este problema. Algunas ideas: 1. Una mejora en los instrumentos legislativos existentes, 2. Hacer más eficiente la provisión de recursos para Serpost, y la gestión de los mismos, 3. Utilizar herramientas de administración electrónica (e incluso Gobierno Móvil) para dinamizar los procesos. El servicio postal debe estar a la altura de este reto. Al servicio postal del Perú debe alcanzarle la modernización del estado y de los servicios públicos.

 

 

 

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