Elecciones del 26 de enero en el Perú: algunas reflexiones y lecciones que nos deja la campaña

Mañana 26 de enero los peruanos acudiremos a las urnas, aproximadamente un año y un mes después del referéndum y casi 4 meses desde la disolución del Congreso, decisión presidencial que motiva estas elecciones.

Me permito, a través de este espacio, compartir algunas reflexiones sueltas que nos deja la campaña y las perspectivas futuras que nos brinda la probable composición del parlamento:

  • Elecciones atípicas: El proceso de elecciones solamente parlamentarias es atípico en el Perú. Se produce en aplicación del segundo párrafo del artículo 134º de la Constitución, que se ocupa de la disolución del Congreso. Normalmente, estas elecciones se realizan el mismo día de la elección presidencial, es decir, aquella a través de la cual los ciudadanos decidimos quién será la persona que ocupe la jefatura del Estado y del Gobierno. Tras la disolución del Congreso pasado, surgido de las elecciones de abril de 2016, corresponde convocar a elecciones parlamentarias a fin de que se complete el mandato.
  • Un aire de “renovación”: Pese a las insistentes voces que señalan lo contrario, en algunos casos de manera estridente, la disolución del 30-S es un tema debatible, más aun en democracia, y estar en contra no supone de ninguna forma no acatar lo decidido por el Tribunal Constitucional en relación con la demanda competencial. Asimismo, se puede estar a favor o en contra de la reelección parlamentaria. No obstante ello, para pocos queda duda de que esta elección da un aire de renovación que puede ser positivo para la política peruana. Será un congreso corto, pero de nuevos rostros. Podemos subrayar la posibilidad de una mayor presencia femenina y un incremento de los congresistas jóvenes. Se comprobará tras los resultados de mañana, que se verán con exactitud a lo largo de los días y quizá semanas, por lo que recomendamos permanecer atentos, sobre todo si los tres partidos que encabezaron las encuestas tienen un nivel de votación muy similar. Esta no es una renovación por tercios (no tenemos este mecanismo en el país), pero esta elección nos deja esa sensación.
  • El centralismo peruano: Me ha causado una cierta inquietud ver, en los debates constantes organizados por influyentes medios de comunicación, solamente a candidatos que aspiran a un escaño por Lima Metropolitana. Aspirantes a solamente 36 escaños, que viene a ser apenas un 27% de las 130 curules. ¿Y los demás candidatos?. ¿Sabes quiénes son?. Con total seguridad debaten en medios locales, pero no son conocidos por el gran público limeño o de circunscripciones ajenas a la del candidato, debido a que no reciben la misma atención mediática. Los iremos conociendo tras los resultados de mañana, a diferencia de los candidatos que van por Lima y que han desfilado por los medios de comunicación con más llegada. Conocerlos antes de la elección es importante para fortalecer el debate y tener el cuadro completo, así como para hacer más efectivos los filtros previos.
  • La “burocracia electoral”: El sin-sentido de la campaña ha sido, sin duda, la exclusión de candidatos por omisiones mínimas, la exigencia burocratizante de detalles como declarar automóviles en desuso o certificados expedidos en los años 50, por hablar solamente de algunos casos. Al mismo tiempo, candidatos que omitieron sentencias por delitos graves, permanecen en carrera. Un contrasentido que se nos antoja difícil de entender. Se alega nuestro derecho fundamental a la información, pero existe también el derecho de sufragio pasivo. ¿Estas exigencias burocráticas son un mecanismo idóneo para limitar este último en pro del primero?. Esperemos tener mayores luces tras el desenlace de las demandas de amparo interpuestas por algunos candidatos excluidos.
  • Fragmentación y diálogo: Las últimas proyecciones nos indican que el parlamento que pronto tendremos será enormemente fragmentado. ¿Cuántas bancadas se formarán, y cuantos congresistas tendrá cada una? Esta situación, sumada al tiempo corto de trabajo con el que contarán (un año y cuatro meses, aproximadamente), obligará a las distintas bancadas a generar consensos. ¿Será posible?.
  • Los aspectos parlamentarios concretos: De vital importancia será, también, la elección de la mesa del Congreso, que obviamente tiene que ver con las cifras que resulten de la elección de mañana. ¿Quién presidirá este nuevo parlamento?. El presidente del Congreso tiene un amplio set de responsabilidades (precisadas en el artículo 32º del Reglamento del Congreso). Asimismo, de la composición de las bancadas dependerá la presidencia de las comisiones, cuya importancia (decantada por materia) en el procedimiento legislativo y en la actividad fiscalizadora, es capital. Las comisiones son órganos interesantes porque combinan la especialización técnica con el criterio político para los nombramientos de quienes las presiden.
  • Doble fiesta de la democracia: Usualmente, se dice que las elecciones son una “fiesta democrática”. La posibilidad de votar, negada en países con regímenes dictatoriales, severamente limitada en países autoritarios, es un tesoro que debemos valorar y defender siempre. Al mismo tiempo, tener un Congreso será siempre mejor que no tenerlo, más allá de la previsión constitucional de la posibilidad de disolución parlamentaria, que cuando se aplica debe hacerse bajo parámetros estrictos y de modo muy, muy excepcional. Dicho todo esto, esperamos sinceramente que de las elecciones de mañana salga un parlamento de calidad, que afronte los retos de nuestros tiempos ad-portas del Bicentenario, que afronte su propio reto: el período corto. Hagamos esto posible con nuestro voto informado.

 

 

 

 

 

 

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