Armas arrojadizas: reflexiones urgentes sobre la vacancia presidencial y la necesidad deliberativa

Los audios presentados esta mañana en el Congreso de la República han causado un movimiento telúrico en la política que, como refleja la geofísica peruana, es bastante recurrente y nada sorprendente.  Audios que, sin duda, deberán ser examinados por los organismos competentes, pero que, a nivel mediático y político, han generado desde ya un auténtico remezón, que puede revestir consecuencias jurídico-constitucionales que nos obligan a estar atentos (y vigilantes).

El régimen político peruano, que parte de una base presidencialista (conforme a la tradición de la mayor parte del continente americano), cuenta con elementos del parlamentarismo (Landa, 2019). Ejemplos de ello son la cuestión de confianza, la censura, la disolución, la vacancia, que nos ubican dentro de un modelo “semi-presidencial” (Planas, 1997) o, como se desprende de la reciente edición de la obra de Hakansson (2020), ese híbrido entre presidencialismo con elementos parlamentarios habría trocado en un “neopresidencialismo”, a falta de “efectivos controles políticos”, como sostiene con acierto el profesor Hakansson. Las oscilaciones políticas y los fallos de nuestro sistema político, sin embargo, demuestran que nuestro modelo no termina de decantarse en forma sólida en una clara dirección, más allá de lo normado por la Constitución, problemática que se agudiza con las complejas relaciones ejecutivo-legislativo en la coyuntura tan peculiar que nos toca vivir ahora mismo: un presidente sin representación partidaria en un parlamento de inmensa pluralidad de bancadas: ninguna representando el programa de un Ejecutivo que, emanado de las arenas movedizas electorales de 2016 (“de aquellos polvos, estos lodos”) y, aunque plenamente constitucional, no fue directamente elegido por el pueblo y que, desprovisto ya de la posibilidad de una nueva disolución (conforme manda el tercer párrafo del artículo 134º de la Constitución), ha sido puesto contra las cuerdas el día de hoy en el clima confrontacional alimentado durante estos últimos años.

La institución de la Vacancia Presidencial, ubicada en el capítulo constitucional relativo al Poder Ejecutivo (dentro del título de la “Estructura del Estado”) es, dentro de este escenario, el único camino para “sacar” del cargo a un Presidente de la República dentro del modelo híbrido que tenemos (en el cual son los ministros los responsables frente al Parlamento). Esta se encuentra regulada por el artículo 113º de la Constitución y consagra, dentro de sus causales, la “permanente incapacidad moral o física, declarada por el Congreso”, concepto jurídico indeterminado que, atendiendo a su gravedad, no podría ser tratado tan “a la ligera”, y que, conforme al exhaustivo estudio de García Chávarri (2013), debiera estar destinado a casos en los que se agravie la “dignidad presidencial” de tal forma que se imposibilite “su permanencia en el cargo”. Su articulación procedimental viene regulada en el artículo 89-A del Reglamento del Congreso, disposición que prevé una serie de pasos que, de ninguna forma, pueden ser interpretados de modo tal que se omita un necesario examen y deliberación sobre un tema que reviste una especial gravedad y de consecuencias no menores (máxime si cada vez falta menos para el proceso electoral de 2021), sin perjuicio de las necesarias investigaciones que pudieran (y debieran) surgir como consecuencia del contenido de los distintos audios, contenido que no carece de relevancia y, sin duda, más allá del derecho funcional de presentar proposiciones parlamentarias (artículos 22-c y 66 del aludido Reglamento), del que obviamente son titulares los congresistas. Sin embargo, no debemos olvidar que muchos de los procesos políticos recientes (no solo en el Perú, sino a lo largo y ancho de los países democráticos de América Latina) que han desplazado a los presidentes de sus cargos más allá de una elección, han adolecido, precisamente, de una adecuada deliberación, y parecen ser la expresión de lo que Gargarella denomina “erosión democrática”, demostrándose una vez más (como “brote” de la complejidad del sistema político) una arrojadiza instrumentalización de las instituciones jurídico-constitucionales (empleo irreflexivo no exclusivo de los parlamentos, por cierto) que flaco favor hace a la seguridad jurídica en medio de una pandemia y a puertas de un proceso electoral en este sísmico país (oscilante y trepidatorio) que se llama Perú.

Alexandra Molina Dimitrijevich.

FUENTES:

  1. García Chávarri, Abraham: “La incapacidad moral como causal de vacancia presidencial en el sistema constitucional peruano”. En: Pensamiento Constitucional, Nº 18, 2013. pp. 383-402.
  2. Gargarella, Roberto y Roa, Jorge: “Diálogo democrático y emergencia en América Latina”. Max Planck Institute for Comparative and International Law, 2020.
  3. Hakansson Nieto, Carlos, “El neopresidencialismo: la forma de gobierno de la Constitución peruana”. Segunda Edición ampliada y actualizada. Editorial Yachay Legal, Lima, 2020.
  4. Landa Arroyo, César, “La cuestión de confianza y la vacancia presidencial”. Enfoque Derecho – THEMIS-PUCP, 2019.
  5. Mendoza Michilot, María. “Proceso electoral 2016: Prensa peruana y redes sociales”. Fondo Editorial Universidad de Lima. 2019.
  6. Planas Silva, Pedro, “Regímenes políticos contemporáneos”. Fondo de Cultura Económica, 1997.
%d bloggers like this: