Un año en pandemia

Por estos días, en diferentes fechas clave, estamos cumpliendo ya un año en pandemia, y llevo un año en cuarentena (cuyos tramos obligatorios he cumplido estrictamente, agregándole una cuarentena voluntaria en los momentos en los que se han abierto las actividades). Hoy se cumple, además, un año de la primera declaratoria de Estado de Emergencia Nacional. Parece ya lejano el día en que el Coronavirus, que luego denominamos más comúnmente “Covid-19”, era algo que sucedía en China, específicamente en la localidad de Wuhan, y que saltaba y se extendía rampante por la Europa mediterránea (especialmente en España e Italia). Yo empezaba un ciclo más de clase, y me empezaba a incorporar a una nueva institución, mientras pensaba cómo agregar a mi rutina el sortear los obstáculos que Lima le pone a un peatón, sin pensar que mis actividades se virtualizarían.

Todo cesó el 11 de marzo, con mucha incertidumbre pero pensando, con casi total seguridad, en una pronta vuelta. El 14 de marzo España decretaba su primer estado de alarma (y sobre ello grabé un vídeo en mi canal de Youtube llamado “Constitución y Coronavirus”). Al día siguiente, el entonces presidente Vizcarra decretaría, al amparo del artículo 137º de la Constitución, el primer estado de emergencia nacional, conjuntamente con otras normas (básicamente Decretos de Urgencia situados en el interregno parlamentario, toda vez que solo un par de días después se instalaría el Congreso que surge tras la disolución parlamentaria de 30 de septiembre de 2019).

En medio del desconcierto y del avance vertiginoso del virus, los juristas nos aprestamos a escribir febrilmente sobre el impacto del Covid-19 en el Derecho. Empezamos a utilizar una aplicación llamada “Zoom”, que nos sirvió, entre otras cosas, para la virtualización académica. Acudimos a interminables reuniones en línea, capacitándonos constantemente frente a un nuevo reto, sorteando las incertidumbres. En paralelo, cada día serían más los “Webinars“, o seminarios online, con los que aprendíamos sobre el tratamiento jurídico del Covid-19 en distintos países, pero también empezábamos a explorar temáticas diversas, y nos permitieron conocer a nuevos colegas alrededor del mundo.

Mientras tanto, la curva crecía y el dolor se apoderaba de miles de familias, pero también el temor a contagiarnos se insertó en lo cotidiano. El impacto económico se hizo y se hace notar.

Padecimos una crisis política y dos cambios de gobierno. Durante el verano, la llegada de la vacuna abría una ventana a la esperanza pero pronto nos entristeció el Vacunagate, revelando las grietas morales presentes en nuestro país y confirmando que la pandemia no nos había hecho mejores, como ingenuamente muchos pensaron. Una segunda ola, más mortífera que la primera, emergería también durante este verano (que aún no acaba), y nos causaría más dolor.

Como efectos colaterales positivos del quedarse en casa puedo resaltar el desarrollo de nuevas actividades dentro de casa y con la virtualidad, el no tener que soportar el nada fácil tráfico de la ciudad, el profundizar los lazos con algunas personas (aunque virtualmente, es algo factible), el práctico recurso al e-commerce. Sin embargo, debemos recordar que, aunque no volveremos inmediatamente a una plena normalidad, naturalmente debemos apuntar a ello, y los esfuerzos de los Estados deben estar dirigidos a conseguir tal fin. Hay cosas que extrañamos: el abrazo a los seres queridos, la interacción mayor con colegas, el ir a tomar un café o el simple hecho de salir a pasear sin temer un contagio que entrañe la muerte, los viajes vacacionales que nos daban la vida y nos daban un shot inmediato de energía. Es cierto que hay actividades permitidas, pero es deseable la cautela, pensar en una misma sin dejar de pensar en el otro y voluntariamente adoptar decisiones responsables más allá de los mínimos legales. Nos hemos acostumbrado un poco a esta vida distópica (nunca olvidaré que, en los primeros días, cada mañana al despertar mi sensación de extrañeza era suprema), pero en algún momento debe terminar. ¿Qué lecciones habremos aprendido para ese momento?.

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