Gobernanza, Innovación en las Administraciones Públicas y TICS

Entre los días 22 y 24 de julio y dentro del marco de los cursos de verano que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), asistí al encuentro “Gobernanza, Innovación en las Administraciones Públicas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones”, desarrollado en Santander. Este encuentro, patrocinado por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), convocó fundamentalmente a funcionarios de las diversas Administraciones Públicas españolas, aunque también asistimos (en menor medida) investigadores y personas interesadas en el tema.

En las sesiones se trataron temas vitales y de actualidad, como las medidas cuya adopción viene siendo evaluada en el seno de la reforma de las Administraciones Públicas.  Se destacan los intentos de simplificación (necesarios para que ciudadanos y empresas puedan realizar sus objetivos sin que ello suponga la superación de una carrera de obstáculos), concretados, por ejemplo, en la posibilidad de proporcionar “declaraciones responsables” en vez de pedir licencias, así como otras medidas destinadas a hacer más inteligible la maraña normativa que incide en las actividades cotidianas y que se da a diversos niveles.

Se destacó también el papel de la Administración Periférica del Estado en reducir la distancia entre el Estado y los ciudadanos, lo cual redundaría en una mayor eficacia administrativa (un principio consagrado por la Constitución Española en su artículo 103º -que no es poco-). Se habló de la coordinación entre estas y las Comunidades Autónomas.

En torno a la innovación en las Administraciones Públicas, se la caracterizó como un elemento de transformación, que va más allá de una simple reforma o modernización. En este contexto, citando a Denhart, se mencionó que “los empleados públicos no prestan servicios, prestan democracia” (afirmación con la que coincido plenamente). Una democracia que tiene como objetivo garantizar los derechos y libertades públicas, garantía que es su esencia. Con respecto a la Buena Administración, esta es un derecho-deber, y en este punto debemos preguntarnos “¿en cuánto mejora la administración la vida de las personas?”. Y evocar (como hizo en su exposición Manuel Arenilla) la brillante cita de Javier de Burgos: “¿Qué bienes he hecho yo hoy? Debe preguntarse todas las noches un ministro”.

Entre asistentes y expositores se generó un interesante, fluido intercambio de ideas, con frecuencia en torno a experiencias concretas de su día a día, lo cual es sumamente enriquecedor para quienes nos encontramos en la parte de la investigación que no es ni debe ser “la otra orilla”, porque como es evidente teoría y práctica son dos caras de una misma moneda. En la parte tecnológica se puso más énfasis en las prácticas de e-government que se producen en el seno de la Administración que en el Open Government (que, como sabemos, tiene un cariz más transformador -y por tanto innovador-, y gira en torno de la transparencia, la participación y la colaboración). Ello no obsta para valorar positivamente muchas de las ideas fuerza tratadas en este encuentro.